¿QUÉ ES LA ATENCIÓN TEMPRANA?




Mulas y García (2004) hablan sobre el difícil periodo que supone la infancia a nivel cerebral en lo referente a su maduración, siendo los primeros años de vida del infante los más críticos para determinar diferentes aspectos que repercutirán en el futuro del niño, como las habilidades motrices o lingüistas.

De este modo, se cree que la Atención Temprana se originó dentro de diferentes investigaciones de los ámbitos de Psicología del Desarrollo y de la Neurología Evolutiva, entre otros. Hay estudios que defienden la idea de que este tipo de atención está basada en la rehabilitación centrada en la plasticidad cerebral, siempre en los primeros meses de vida del recién nacido Mulas y García (2004).

Con todo esto, podemos definir la Atención Temprana como: “el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0 – 6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta, lo más pronto posible, a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar” (Libro Blanco de la Atención Temprana, Real Patronato sobre Discapacidad, Madrid, 2000).

Volviendo a las ideas defendidas por Mulas y García (2004), podemos decir que la finalidad que tiene la Atención Temprana es conseguir, que los niños y las niñas que padezcan algún tipo de diversidad funcional o discapacidad, así como aquellos/as que tengas riesgo de padecerlas, obtengan un determinado número de acciones que favorezcan su desarrollo. No solo con esto, la Atención Temprana no busca una única intervención con los menores, sino también dotar de los conocimientos y de las herramientas necesarias a sus padres, madres, tutores/as para que sean capaces de ponerlas en práctica dentro del ámbito familiar. Busca, por ello, la reducción del efecto de la discapacidad así como de sus factores de riesgo y promover el buen desarrollo del menor, siempre dentro de lo posible; obtener una reducción de los efectos secundarios producidos por el trastornos principal, es decir, reducir la posible comorbilidad que exista; y atender y cubrir las necesidades que la familia, así como su entorno presencie.

Se ha demostrado que la Atención Temprana da resultados a corto plazo a aquellos menores que sufren el riesgo de padecer algún tipo de trastorno, llegando a prevenir o reducir aquellos retrasos evolutivos (Mulas y García, 2004).

“La intervención temprana posibilita ganancias significativas en el dominio de la motricidad voluntaria, en el rendimiento intelectual, en el desarrollo del lenguaje y en el manejo de las habilidades académicas y sociales” (Mulas y García, 2004).

Fuentes:

Mulas, F., & Millá, M. G. (2004). La Atención Temprana: qué es y para qué sirve. Summa Neurológica, 1(3), 31-34.

VV. AA. (2000).: Libro Blanco de la Atención Temprana. Real Patronato sobre Discapacidad. Madrid.